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Mes: septiembre 2020

Cómo Canal+ rompió con la clandestinidad del consumo de cine porno

Hasta 31.000 españoles vieron la primera película porno codificada de la cadena

En el reciente Festival de Málaga, la película ganadora de la parte oficial es Las pequeñas, apuntada por Pilar Palomero y interpretada por Natalia de Molina, Andrea Fandos y Francesca Piñón . Un extenso film que narra ese paso de niña a mujer de la personaje principal. Una joven que busca verdades a su alrededor sobre su familia, su sexualidad, sobre sí misma, al fin y al cabo.

Ambientada en los 90s en Zaragoza, la cinta tiene distintos instantes nostálgicos vinculados a la tv. Los individuos ven series como Los Fruitis y programas como Hola, Raffaella. Y en un instante particular, auspiciado por su curiosidad del porno costa rica, Andrea Fandos, la niña personaje principal, se pone Canal+ codificado, para ver, aunque sea entre líneas y sonidos agudos, algo de cine porno.

Esto me logró pensar, automáticamente, acerca de cómo la tv de pago se instaló en nuestras vidas, cómo poseemos un enorme muestreo de cine y series al alcance de nuestra mano por medio de interfaces como Netflix, HBO, Movistar+ y tantas otras, y cómo en ocasiones perdemos más el tiempo seleccionando qué ver que disfrutando propiamente de una obra audiovisual. Sin embargo, en los noventa, la tele de pago constaba de solo un canal, lo que en el fondo facilitaba (¿o limitaba?) esa selección.

El prestigio de tener Canal+

En mi casa jamás tuvimos Canal+, ni ninguna otra tv de pago. Por esto, no había varios canales sintonizados, y comunmente este canal caía en el número 6 del mando (pues entonces no estaba laSexta, que se atribuyó tal posición unos años después).

Para un apasionado de la tv y del cine como yo, Canal+ era algo impresionante. Una cadena que no poseía propaganda, donde se emitían películas del tirón, sin cortes. Tener el agregado era un distintivo popular, dado su precio. Si actualmente existe quien protesta por abonar 5 o 7 euros por una interfaz, hay que acordarse que, cuando salió, la mensualidad de esta cadena era de 3.000 pesetas, 18 euros al cambio, y que también, había que abonar una fianza por el descodificador de 15.000, 90 euros recientes, que poseía una llave que te daba la posibilidad de ver ese contenido premium.

En el Agregado echaban espacios en abierto, como Padres forzosos, el software de Los 40 primordiales o el magacín Lo +Plus, aquel en el que Rocío Jurado ha dicho eso de “yo soy pro porno gay”. Pero cuando uno de estos acababa, y tras el consiguiente bloque de anuncios, todo se volvía de tonos grises, rayado, inaudible. Codificado.

¿Cómo ver Canal + sin decodificador?

Existían muchas leyendas urbanas de cómo uno podía ver Canal + sin abonar la cuota. Desde poner papel cebolla enfrente de la pantalla a utilizar una radiografía o una diapositiva, como si aquello fuese un eclipse. Inclusive hay muchas personas que se ponía a ver fijamente la imagen, hasta sentir algo nítido. Según El Confidencial, hasta 31.000 personas vieron la primera película porno de Canal + sin tener decodificador, imaginando lo que había detrás de aquella sucesión de líneas.

Por el momento no había que buscar el porno abajo del mostrador, cada semana la cadena brindaba una película (o dos)

En ese sentido, y relacionado con la escena de la película Las Pequeñas, hay que indicar que Canal + dio una vuelta a la forma de consumir pornografía. Por el momento no había que buscar cintas abajo del mostrador del videoclub, ni se consideraba algo de pervertidos; es más, se volvía algo selecto, sinónimo de opulencia de free porn, de estatus. Veías porno porque podías abonar la cuota por mes. Una película novedosa cada semana, dos en alguna etapa.

Como muchos telespectadores, el que aquí redacta tuvo la intención de ver alguna película codificada, dejándome la visión. Pensaba, a lo mejor, que en algún instante la imagen tomaría forma, como ocurría en esos libros con imágenes tres dimensiones que estaban tan popular en los 90. Pero no servía de nada. En el final, me convertía en el tradicional pesado que iba a casa de la vecina a pedirle que si me podía grabar tal o cual película, para engrosar mi videoteca especial.

Recuerdo, entre otras cosas, tener grabadas películas como Esfera o el Frankenstein de Kenneth Branagh. Y también, alguna emisión que ya pertenece a la narración de la tv de este país, como la vez que me grabaron Proposición, con un lazo azul en la esquina, aquel fin de semana que ETA secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco y todas las televisiones, nacionales y locales, pusieron aquel membrete en una de sus esquinas pidiendo, sin triunfo, su independencia.

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